CONFORMIDAD Y OBEDIENCIA

LA CONFORMIDAD
La conformidad se relaciona con el cambio de conducta u opinión de las personas que discrepa/n de las normas del grupo, como resultado de la presión social explícita o implícita de los miembros del mismo (Myers, 1987). La conformidad, por tanto, se produce cuando la presión percibida o real de los demás hace que las personas actúen de una forma diferente a como lo hubieran hecho si estuvieran solas o sin esa presión.

La conformidad se relaciona habitualmente con procesos que tienen consecuencias negativas (conductas uniformes, renuncia de valores personales, etc.). Sin embargo, la conformidad también cumple importantes funciones, como garantizar una regularidad en las relaciones sociales, que resulta necesaria para predecir y anticipar comportamientos futuros del grupo y de los demás, y proporcionar medios de control que permitan anteponer intereses colectivos a los individuales (hecho este que resulta fundamental en culturas colectivistas). Otros de los beneficios de la conformidad son el permitir a los sujetos obtener la aprobación y apoyo de aquellas personas deseables, y evitar una imagen de sí mismos como personas diferentes, desviadas e intransigentes.

LA OBEDIENCIA:

La obediencia tiene lugar cuando un individuo modifica su comportamiento a fin de someterse a las órdenes directas de una autoridad legftima (Levine, Pavelchack, 1984). Si bien la obediencia y la conformidad suponen formas de influencia social, se diferencian en diversos aspectos críticos. Frente a la conformidad, la obediencia implica que la fuente de influencia posee un estatus superior, ejerce una presión explícita (ordenando realizar comportamientos que los sujetos no harán por sí mismos) y controla constantemente el cumplimiento de las órdenes (sancionando la resistencia).

La obediencia es menos frecuente que la conformidad porque las personas que poseen autoridad y poder generalmente prefieren ejercerlo a través de peticiones más que de órdenes directas. Sin embargo la obediencia dista mucho de ser infrecuente (Baron Byrne, 1998) y puede llegar a ser destructiva.

Milgram (Milgram, 1974) realiza unos estudios cuyo objetivo era descubrir si un grupo de personas elegidas al azar obedecerán las órdenes de un extraño, en las cuales se instaba a causar daño a otra persona también desconocida. Los resultados mostraron como gente corriente estaba dispuesta, aunque con cierta reticencia, a dañar a un inocente si una autoridad, apoyada por un consenso social (dos cómplices), se lo ordena (Beltrán, 1988) (Beltrán, 1988).

FACTORES QUE PROPICIAN LA CONFORMIDAD Y LA OBEDIENCIA

Distancia emocional de la Victima: cuanto más personal haya sido el contado con el individuo, menos probable es que lo tratamos con crueldad. Es mucho más difícil actuar despiadadamente cuando le conocemos la cara a la víctima.

Proximidad y legitimidad de la autoridad. Cuando la persona que ejerce autoridad está cerca y consideramos que su autoridad es legítima, es más probable que obedezcamos.

Autoridad institucional: cuando la persona que ejerce autoridad pertenece a una institución reconocida es más probable que obedezcamos.

Tamaño del grupo: los grupos de entre tres y cinco personas ejercen la mayor presión, y por lo tanto, son los que más propician la conformidad.
Unanimidad: Cuando todos los integrantes del grupo se muestran de acuerdo sobre algún punto, es mucho más difícil que un solo individuo se oponga.

Cohesión: Cuanto más unido están se sienten los integrantes del grupo, y cuanto más organizados están, tanto más poder ejercer el grupo sobre cada uno de ellos.

Fuente:
CIENCIAS PSICOSOCIALES I
María del Carmen Ortego Mate; Santiago López González; María Lourdes Álvarez Trigueros.
Universidad de Cantabria, recuperado el 24 de marzo del 2015, de: http://ocw.unican.es/ciencias-de-la-salud/ciencias-psicosociales-i/pdf-reunidos/tema_08.pdf