EL AFRONTAMIENTO DEL ESTRÉS

Los controladores aéreos, cuyo trabajo requiere determinadas características físicas y psicológicas, tienen un tipo de personalidad que suele acrecentarse en situaciones tensas. Trabajan según horarios que alternan largos periodos de aburrimiento con cortos espacios de frenética actividad, saben que cuando guían aviones para entrar o salir del aeropuerto tienen la vida de centenares de personasen sus manos. La mayoría de estos profesionales soportan bien el estrés, ya que, como dice el experto en estrés, Charles D. Spielberger, las demandas del trabajo actúan como mecanismo de defensa. Para estos individuos el estrés es la salsa de la vida, se sienten atraídos por estas carrera profesional porque se sienten retados por las demandas de un trabajo muy, difícil y porque se sienten capaces de aguantar las presiones.
¿Qué es exactamente el afrontamiento? Según Lazarus (1980) constituye una respuesta al estrés, que tiene dos grandes funciones. La primera implica solucionar el problema; o bien conseguirnos cambias el ambiente de alguna manera o bien hemos de cambiar nuestras propias actividades y/o actitudes. Por ejemplo, un controlador huelguista puede cambiar el ambiente de trabajo; cambiando de tipo de trabajo, se podría dedicar a actividades relacionadas con los sindicatos para mejorar las condiciones laborales de este trabajo. Si siente que, por una razón u otra, no puede cambiar de trabajo; podría intentar cambiar su propia actitud, recurriendo a actividades de descarga de estrés fuera del trabajo o recordando que las gratificaciones de su trabajo se deben, en parte, a sus retos y a su habilidad en la utilización de su conocimientos.
En segundo lugar, el afrontamiento nos permite actuar sobre las respuestas emocionales y físicas relacionadas con el estrés, para poder mantener nuestro ánimo y continuar funcionando bien. Estos lo llevamos a cabo de varias maneras que producen un mayor o menor éxito: a través de mecanismos de defensa como la negación, la racionalización, la proyección y otros (que fueron descritos por primera vez por Sigmund Freud y que nosotros estudiaremos en el capítulo 14), tomando drogas que van desde fármacos sedantes y tranquilizantes prescritos por el médico, pasando por el abuso del alcohol u otras drogas legales, a la subcultura de sustancias ilegales como la marihuana, cocaína y demás drogas ilegales, cambiando nuestro estado de conciencia a través de técnicas como la meditación (en el capítulo 4 ya hemos visto en qué medida nos afectan las drogas y la meditación) y forzándonos a nosotros mismo a tener pensamientos positivos. Aunque no todas estas técnicas son efectivas, todas ellas representan un intento de afrontar el estrés.
Quienes suelen afrontar con efectividad el estrés emplean dos tipos de técnicas; las que les ayudan a solicitar el problema y las que les ayudan a sentirse mejor. Los que lo afrontan con menor efectividad suelen solventar el problema inmediato, pero con un alto costo en términos de bienestar emocional y físico, o bien, a veces, lo que hacen es huir hacia un modo de pensar que les hace sentirse mejor pero que no sirve para cambiar la fuente de donde brota su estrés. La mayoría de las veces, como es lógico, empleamos una combinación de actos y pensamientos diversos para afrontar una situación específica.
PERSONALIDAD: La personalidad del individuo afecta la manera de afrontar el estrés. De acuerdo con Kobasa (1982), el primer tipo de persona que acabamos de descubrir manifiesta una forma de ser que a veces denominas como “Dureza”, un estilo de personalidad que incluye tres características: Compromiso, Control y Reto.
El compromiso nos permite creer en la verdad, la importancia y el valor de lo que somos y hacemos, y con esto adquirimos un sentimiento global de lo que significa tener un propósito en la vida. El control es la creencia de que somos responsables de nuestras propias vidas, que de algún modo provocamos los acontecimientos de estrés, y que, por tanto, podemos manejarlos. El reto está basado en la creencia de que el cambio, más que la estabilidad, es la condición normal de la vida. Al sostener tal creencia, es posible contemplar un acontecimiento estresante, más que como una amenaza, como una oportunidad que conduce al desarrollo personal. Es posible ser abierto y flexible e incluso buscar nuevas e interesantes experiencias con el pleno conocimiento de que al hacerlo un cierto grado de estrés resultará inevitablemente presente en nuestra vida.
EXPECTATIVAS: El estrés del ejecutivo, es un tópico de moda en nuestros días. Como ha señalado Kobasa (1982), los medios de comunicación han difundido un nuevo mito sobre el ejecutivo, lo muestran (y ahora a ella, pues cada día más mujeres entran en los escalones superiores de los negocios) como “la clásica víctima del estrés”. El estrés es malo, a menudo desbordante, y deberíamos evitarlo todo lo que fuera posible. Por otro lado, la gente tiene un concepto diferente de los abogados, una idea que los mismos abogados comparten: de acuerdo con esta idea, prosperan bajo el estrés, realizan mejor su trabajo cuando se produce un gran cambio y bajo mucha presión, nunca enferman y viven muchos años.
RECURSOS PERSONALES: Nuestro cuerpo, con todas las predisposiciones heredades que posee, afecta la manera como respondemos al estrés (Kobasa, 1982). De acuerdo con Selye (1956), la enfermedad que provoca estrés afecta al órgano más débil del sistema. Así pues, mientras una persona sufre ataques asmáticos por el estrés, otra desarrolla úlceras de estomago y una tercera sufre un ataque cardiaco. Sin embargo, una cuarta puede tener tales reservas de fortaleza que el estrés no afecte a su salud.
El estrés familiar puede adoptar muchas formas. Constituye un ejemplo característico el de la familia Urbancyk, de Detroit, Michigan.
De hecho, el estrés es el mayor problema al que se enfrentan las familias, de acuerdo con un informe de la Family Service Association of America, que en un sondeo bienal de veinticuatro de sus agencias de trabajo social descubrió que el estrés encabezaba la lista de los problemas que las familias llevaban a los consejeros psicológicos. Los investigadores del estrés familiar ven a la familia como un sistema, en el cual lo que le ocurre a una parte (por ejemplo, Bill) afecta a las demás (por ejemplo, la esposa de Bill y los hijos). Una fórmula que nos ayuda a explicar el proceso de estrés familiar es el modelo ABC-X de Reuben Hill (1949), resultado de su trabajo sobre los efectos de las separaciones y los reencuentros familiares durante la II Guerra Mundial.
Una familia en un estado de extrema desorganización tal que el sistema es puesto en duda está, Según Boss (1985), no sólo bajo estrés, sino en estado de crisis. Mientras que la tensión o estrés supone una perturbación del estado de equilibrio, o un trastorno de la estabilidad que puede mantenerse por largos periodos de tiempo, una crisis es un estado de desequilibrio agudo tan fuerte y grave que la familia no puede seguir manteniendo su actividad y los individuos que la forman no pueden mantener su funcionamiento. Muchas familias, como muchos individuos, viven con altos niveles de estrés y prosperan sin alcanzar nunca el punto de crisis.