La importancia del agua en los ecosistemas terrestres

A pesar de desarrollarse sobre la tierra las especies animales o vegetales los sistemas terrestres necesitan disponer de agua para poder vivir. Por lo tanto, deben tener a su disposición, una fuente de este líquido que les permita hidratar sus organismos. Las plantas obtienen el agua del suelo y, a través de sus tallos, la conducen a las hojas y a las partes verdes provistas de clorofila para poder realizar la fotosíntesis y obtener alimentos. Todo ello ha determinado el desarrollo de unas estructuras vasculares complejas que les permiten adaptarse a este medio. Las plantas acuáticas más comunes, que son las algas, carecen de vasos conductores y en muchas plantas acuáticas superiores (Hidrocaritáceos) son muy sencillos.

Una de las primeras diferencias de las plantas acuáticas es que carecen de madera. Las plantas acuáticas tienen una consistencia herbácea porque viven en un medio que puede sostenerlas sin necesidad de desarrollar estructuras lignificadas. En la tierra los árboles y arbustos han desarrollado la madera para aguantar el peso de sus copas y separarlo del suelo en busca de la luz. Las plantas acuáticas contienen unos elementos de flotación que les permiten flotar en el agua, viven sumergidas en el agua, como la valisneria ( Vallisneria ssp.). Otras solamente tienen las flores fuera del agua y su organismo dentro de ella, como la elodea (Elodea canadensis)
Para absorber agua del suelo las plantas terrestres necesitan de un sistema radical fuerte, que al mismo tiempo, les garantiza su estabilidad al mantenerlas bien estables en su medio. Las plantas acuáticas no necesitan disponer de raíces muy potentes, les basta con pequeñas radículas a través de las cuales absorben los minerales y el agua. Más aún, estas plantas pueden hacer la misma función a través de las superficies de contacto con el agua, las cuales, para lograr este cometido, son tiernas. Es especialmente destacable la finura de la superficie externa de las plantas acuáticas sumergidas que les permite absorber minerales y oxígeno disuelto en el agua.

El principal problema con el que luchan las plantas terrestres es la desecación. El medio aéreo absorbe la humedad por lo tanto las plantas deben tener unos dispositivos que les permitan conservar el agua. Las superficies verdes de las planas terrestres están cubiertas de una cutícula que evita la pérdida de agua al mismo tiempo que las defiende del ataque de hongos y bacterias. La cutícula consta de ceras y cutina que le proporciona impermeabilidad. Esta capa puede ser mayor o menor de acuerdo a las condiciones ambientales. Así, por ejemplo, las plantas de ambientes muy secos, como los cactus, poseen una cutícula muy gruesa. La transformación de las hojas en espinas o el fenómeno de la suculencia son otras adaptaciones de los cactus para conservar agua. Las plantas acuáticas no necesitan estas adaptaciones porque disponen de toda el agua necesaria.

Las hojas de todas las plantas terrestres cuentan con estomas que son una especie de válvulas que permiten la entrada y salida de los gases. A través de ellos las plantas toman dióxido de carbono y expulsan oxígeno. Al mismo tiempo, al abrirse también expulsan agua, mediante el proceso llamado transpiración. Para evitar una perdida excesiva de agua las plantas tienen la posibilidad de cerrar más o menos o incluso completamente las estomas. Algunas plantas que viven sobre suelos muy calurosos o salinos pueden realizar la fotosíntesis con las estomas prácticamente cerradas. Son las que se conoce como plantas CAM o plantas con el metabolismo ácido de las crasuláceas.

Los animales han sufrido numerosas adaptaciones para independizarse del agua. Los primeros animales terrestres en no habitar directamente en el agua fueron los anfibios que, descendientes de los peces de aletas carnosas o sarcopterigios consiguieron vivir fuera de ella desarrollando pulmones para poder respirar en el aire. Su dependencia con el medio acuático sigue siendo todavía muy grande en cuanto que todavía necesitan respirar por branquias en su fase larvaria. Cuando son adultos también necesitan estar en contacto con ella, no solamente para depositar sus huevos, sino para hidratar constantemente su piel dado que la mayor parte de su respiración la realizan a través de la piel (respiración cutánea).

Los reptiles consiguieron por primera vez desarrollar una piel provista de escamas duras y resistentes. Estas escamas, provistas de queratina, les permitió independizarse del agua e incluso vivir en los lugares más secos del mundo, como los desiertos. La reproducción es ovípara, por lo tanto el feto se encuentra protegido dentro de los huevos por la cáscara exterior, que les protege de la desecación del medio exterior.

Los mamíferos necesitan agua para poder vivir. Algunas veces tienen cantidades suficientes de agua a su disposición lo que no les obliga a realizar grandes esfuerzos para conseguirla. Otras veces, necesitan hacer grandes desplazamientos para poder conseguirla lo que puede llevarles a moverse en diferentes ecosistemas. Son famosas las grandes migraciones del ñu en busca de agua y comida.
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