PENSADORES DE LA EDUCACIÓN EN ROMA

Aunque los teóricos de la educación romana tienen menos importancia que los de las griega, pues entre ellos faltan los pensadores de la altura de platón y Aristóteles, no dejaban de ofrecer interés, sobre todo por la influencia que han ejercido sobre la posterior escolaridad occidental, que ha acudido a ellos aun más que a los helenos. Respondiendo al carácter de la educación romana, sus teóricos tienen un carácter mas pragmáticos que idealista, y mas retórico que filosófico. Pero también hay entre ellos pensadores que dieron una orientación ética, espiritual a sus escritos. Característica en este sentido es la frase de la juvenal”se debe al niño el máximo respeto” (máxima debelur puero reventia). Catón el viejo (234-149 a. de c.) se puede considerar a Porcio Catón mayor como el primer romano que escribe de educación. Redacto dos libros: sobre educación de los niños y preceptos para el hijo por Plutarco, según hemos indicado anteriormente. Defensor de las costumbres antiguas, lo decisivo para el era la formación del carácter conforme a la tradición su ideal era “el hombre bueno, diestro en discursos”. Se oponía a la corriente helenista, intelectualista, de su época, y acentuaba el valor de agricultura en la vida y la educación en general era un espíritu conservador, arcaizante aunque en los últimos años de su vida reconoció el valor de la cultura griega. Marco Terencio Varrón (116-27). Representa la transición de ka educación antigua a la nueva, helenística. Autor d una obra famosa, disciplinas en nuevos libros, que constituye una especie de enciclopedia didáctica, trato especialmente la gramática y su enseñanza en un modo científico. Su obra influyo grandemente en enciclopedias con fines escolares, que tanto desarrollo alcanzaron posteriormente. Marco Fulio cicerón (106-43 el mas grande de los pensadores romanos ejerció también Una gran influencia sobre la educación. Dotado de una gran cultura, reconoció todo el valor que tenia la cultura y la filosofía griega para la cultura y la educación romanas. Representa el tipo mas puro de los humanistas, de la paideia, de la cultura espiritual,. Su finalidad es en este sentido la formación del político-orador, que no solo debe conocer la retórica, si no también la filosofía. El ideal esta comprendido dentro del estado, pero un estado no solo nacional, sino también mundial. Desde el punto de vista individual, ese ideal se manifiesta en el vir bonus, pero con una amplia base cultural. Cicerón fue uno de los primeros en tratar la educación desde el punto de vista psicológico al estudiar la selección de la profesión, que debe acumularse a la peculiaridad individual. Escribió diversas obras sobre el orador y, como platón, una sobre la república y otra sobre las leyes. Según Dilthey, cicerón” ha llegado a ser uno de los mas grandes maestros de los pueblos modernos europeos”. Lucio Amneo Séneca (4 a. de c. – 66 d. c.?). El gran filósofo estoico, nacido n España, fue también educador como preceptor de Nerón. En sus obras aparece frecuentemente la preocupación por la actividad educativa. Respondiendo a su concepción filosófica estoica, la finalidad de la educación es el dominio de si mismo, de las pasiones y a petitos personales. La educación tiene así un carácter activo como lo manifiestan sus celebres frases: “no hay que aprender para la escuela, si no para la vida”. “los ejemplos conducen al fin mas pronto que los preceptos. Aprendemos mejor enseñando”. Séneca realzo también la necesidad de conocer la individualidad del educando, y por tanto el valor de la psicología para la educación. Asimismo dice que la educación retórica debe reducirse y en cambio aplicarse la filosófica: finalmente, exalta la importancia del educador, a quien debemos apreciar como uno de nuestros mas queridos y próximos familiares”

Plutarco (48-120 d.C.). Su mayor influencia educativa la ha ejercido por medio de sus celebres vida paralelas, que han servido a lo largo de la historia para inspiración de numerosas y prominentes personalidades. Se le atribuye también un tratado sobre la educación de los niños, aunque no todos lo reconocen como autor. En general, su ideal de educación es más bien ecléctico, tratando de conciliar los fines helénicos con los romanos, en este sentido acentúa el valor de la música y de lo bello en la educación, así como el de los ejercicios físicos, pero también reconoce como fin supremota formación de carácter, por ultimo, da su preferencia a la educación domestica sobre la escolar y afirmar la necesidad de conocer la peculiaridad individual.

QUINTILIANO. El más importante de los pedagogos romanos, Marco Fabio Quintiliano, nació hacia el año 40 d. C., Calahorra, España, hijo de un profesor de retórica. Estudio en su país, y después pasó a Roma, donde permaneció varios años practicando con el famoso jurista Domitius. Alcanzo allí gran renombre como abogado y escritor, hasta que el emperador Vespasiano le concedió la primera cátedra oficial de retórica griega y latina, con un sueldo considerable. Ejerció la enseñanza durante veinte años, logrando la máxima autoridad como profesor y como abogado. Retirado de la cátedra hacia el año 90, se dedico a escribir su obra La educación del orador (“Instituto Oratoria”); después fue nombrado preceptor o tutor de dos sobrinos-nietos del Emperador Domiciano, recibiendo la insignia consular, con todos los privilegios y jerarquías de ésta. Su gran obra, la Instituto Oratoria, en 12 libros, estuvo destinada a servir para la educación del hijo de Marcelo Victorio y del suyo propio, que murió antes que aquella fuera acabada. En ella recogió sus experiencias como profesor y como orador y ha tenido la mayor influencia tanto en su tiempo como en el posterior, sobre todo en el Renacimiento. Las ideas pedagógicas de Quintiliano reflejan, depuradas, las ideas de su tiempo y especialmente las de Cicerón, de quien, sin embargo, difiere en algunos puntos esenciales, como en lo que se refiere al papel de la filosofía en la educación, que éste defiende mientras que Quintiliano rechaza. En general, sus ideas son más bien de carácter literario sobre un fondo moral y cívico. Pero nadie antes que él había dado tanta importancia al conocimiento psicológico en la educación. Su rechazo de la filosofía puede explicarse por las circunstancias de su tiempo contrario a ella, debido al descrédito de sus cultivadores ya la falta de libertad que reinaba para expresar las ideas. Para Quintiliano, al educación comienza en la primera infancia, en el seno de la familia. En esta educación doméstica debe ponerse el mayor cuidado en el ambiente que rodea al niño “por que naturalmente conservamos lo que aprendimos en los primeros años como las vasijas nuevas, el primer olor de licor que recibieron”. En esta primera edad lo que el niño aprenda ha de ser en forma de juego “para que no aborrezca el estudio el que aún no le tiene afición”. Después, el niño pasa a la escuela elemental. Y aquí conviene deshacer el error de los que interpretan ésta como la escuela pública. A mi juicio, Quintiliano defiende la escuela en general, sea pública o privada, frente a la educación domestica; dada por el preceptor, por los beneficios que aquélla procura desde el punto de vista del trato de los alumnos unos con otros, frente al egoísmo que la educación doméstica produce. En tiempo de Quintiliano aún no había comenzado a desarrollarse la escuela pública propiamente dicha, si no que, como vimos, es una creación posterior. En la escuela elemental, “el maestro diestro encargado del niño, lo primero de todo tantea sus talentos e índole”. Esta observación psicológica que Quintiliano aplica en toda su obra, tanto respecto a los alumnos como a los maestros, es uno de sus más felices aciertos. En la escuela aprenden los niños la escritura y la lectura recomendando que ésta se haga con figuras movibles, anticipándose así a nuestro tiempo. Y hace también esta observación no siempre atendida: “Una cosa encargaré, y es que se entienda lo que se lee para lograr todo esto”. Pero lo importantes aquí, como en todo, es tener buenos maestros, pues “los primeros elementos en nuestros estudios son mejor tratados por los mejores maestros”. Y así se explica, dice que Filipo encargara de la educación de su hijo Alejandro nada menos que a Aristóteles, el más famoso filósofo de su tiempo.

En la educación elemental deben alternar el trabajo con el recreo, aunque Quintiliano no defiende éste más que como un medio para intensificar el estudio. Tolera los ejercicios físicos, pero siempre con moderación. Sin embargo, el juego es importante “por que en él revela el niño sus inclinaciones”. Una vez que aprendió a leer y a escribir, el alumno pasa a la escuela de gramática -el grado medio-, donde aprende la gramática propiamente dicha, la redacción, la música, las matemáticas y los ejercicios orales y físicos. La gramática comprende también la literatura tanto griega como latina, por medio de los poetas y clásicos respectivos. En el lenguaje hay que atender a la corrección, a la claridad ya la elegancia. Y ello ha de conseguirse por medio de la costumbre y la práctica principalmente, y aquí hace también una observación de interés: “Yo juzgo que se debe escribir cada palabra como suena, si no lo repugna la costumbre” Pero la literatura, además de su valor estético, tiene un valor espiritual, ético; en este sentido se debe empezar por Homero y Virgilio “para levantar el espíritu con la grandeza del verso heroico” y también deben leer “lo que les fomente el ingenio y aumente las ideas”, dejando la erudición para otro tiempo. Además de la gramática y la literatura, el alumno debe aprender lo que se llama la enciclopedia. En primer lugar la música. Aunque como todos los romanos, no le da la importancia que los griegos, limitándola a la que necesita el orador para el manejo d su voz. En cuanto a las matemáticas, sobresalen en ella el cálculo y la geometría. Tampoco se excede Quintiliano en el uso de los ejercicios físicos, reduciéndolos a los más elementales, y especialmente a los ademanes y gestos. Finalmente, viene la escuela de retórica, de carácter superior y especial para la formación del orador. Esta debe hacerse sobre la base de narraciones históricas, ejercicios dialécticos, lecturas y comentarios de clásicos, elocuencia, derecho, etc. Pero sin incluir la filosofía, por las razones antedichas. Si nos preguntamos ahora por el valor de a pedagogía de Quintiliano, no habría que señalar: 1º su reconocimiento del estudio psicológico de alumno; 2º su acentuación de valor humanista espiritual de la educación; 3º su finura con respecto a la enseñanza de las letras; y 4º su reconocimiento del valor de la persona del educador. De este a hecho el primer estudio de carácter psicológico que se conoce en la historia de la pedagogía.
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