jueves, 1 de julio de 2010

TRADICIONALISMO PEDAGÓGICO

El concepto de lo tradicional apunta a una serie de ideas, costumbres o formas de comportamiento sostenidas en el tiempo, adquiridos como herencia o patrimonio cultural recibido de las generaciones anteriores por parte de las generaciones nuevas. Este concepto excluye el cambio, y todo aquello que tenga dinamismo dialéctico.

“La pedagogía tradicional recoge el prejuicio aristocrático contra las artes útiles y las destrezas tecnológicas, enfatiza la formación del carácter que permita a los individuos acceder a los ideales de los buenos (areté), lo bello (kalón) y lo verdadero (aleteia), hasta lograr la imagen del hombre genérico en su validez universal y normativa, como el ideal humanista ético-político de la paideia que la polis griega se propuso formar en sus ciudadanos” (Flórez y Batista, 1982).

Dentro de la Pedagogía Tradicionalista o externalista se pueden ubicar todos los modelos educativos y pedagógicos que, partiendo de una base filosófica idealista asumen los métodos de la escolástica medieval, perceptibles en muchas de las prácticas pedagógicas que aún subsisten en las escuelas. También pueden incluirse en este grupo las teorías pedagógicas conductistas, encaminadas a "formar al sujeto" según el deseo del maestro, o las derivadas del pragmatismo, preocupadas esencialmente del resultado final de la enseñanza como reproducción del conocimiento considerado valioso.


En sentido pedagógico, la tradición es la transmisión de bienes culturales (lengua, conocimientos, experiencias esteticas, costumbres morales, creencias religiosas, etc) de generación en generación. Es un proceso interhumano que consta de 3 factores: -Un punto de partida, del que proviene de modo inmediato, el bien transmitido (generación adulta personificada en el educador).

Un punto de llegada, a quien se transmite (generación joven representada por el educando).

Tesoro tradicional, materia del proceso.

Toda educación se alimenta de la tradición cultural, pero trata de fertilizarla para la creación de nuevos bienes, para superar el estado de cultura ya logrado. La tradición pedagógica es un peldaño en la corriente progresiva de la vida. El progreso de la educación se opera gracias al equilibrio constante entre tradición y nueva aspiración. Sin los bienes culturales ya alcanzados en ciencia y moralidad, arte y religión, los nuevos avances pierden su base de sustentación.

El tradicionalismo pedagógico sobreestima la tradicion pedagógica. Es aquel intento que hace radical el proceso educativo en la mera transmisión de bienes culturales, en la mera comunicación de conocimientos, usos y costumbres del pasado, sin acoger las nuevas adquisiciones; pasa por alto el momento creador de la historia. Solo el pasado dirige su mirada para petrificarse en sus formulas.

Los pueblos orientales representan la época del tradicionalismo pedagógico. China, India, Egipto, Babilonia, Palestina, Persia, se encuentran prisioneros del pasado. Para estos pueblos el ideal de la educación reside en una exacta y fiel transmisión del pasado, en el que ven la época de oro de su cultura. No es que en estos pueblos no se produzcan, a causa de las circunstancias, nuevas ideas en todos los dominios de la cultura. Por una parte, las exigencias de los tiempos, y por otra, sus grandes poetas, moralistas, sabios y fundadores de religión, empujan a la historia por la senda del progreso. Pero el lastre de la tradición malogra algunas veces, y pone alas de plomo otras, a las nuevas energías. Para quienes, la educación es una recapitulación del pasado, que no quiere variar nada de él, ni avanzar mas acá de el. Tiende a formar hábitos de pensamiento y de acción idénticos a los del pasado, sin desenvolver habilidad alguna que pueda modificar o adaptar el hábito a las nuevas condiciones. Allí donde se añade la instrucción al entrenamiento, se hace sin ninguna base racional. No es instrucción, en el sentido de proponerse descifrar al individuo la significación de una costumbre social. Toda la educación consiste en indicar al individuo, lo que debe hacer, sentir o pensar; la dirección exacta en que debe desempeñarse el acto, o la expresada reacción emotiva; y finalmente, hasta el habito esta fijado en un modo inalterable.

Con todo, los pueblos orientales se hallan ya a la altura de la educación intencionada, es decir, en ellos se tiene conciencia de que se educa y se trata de orientar la educación, a diferencia de lo que ocurre en los pueblos primitivos donde la educación es natural y espontanea.


La marca distintiva de Egipto en el dominio de la educación es su orientación práctica, con inicios de una formación técnica y profesional. Por ese motivo suele hablarse de un tradicionalismo realista.

En suma; la educación tradicionalista tiene conciencia de su pasado. Ya no se conforma con el procedimiento imitativo de la educación primitiva; introduce los métodos agoticos (conductivos) y didácticos, conservando así en las generaciones jóvenes la tradición cultural (ritos, formas religiosas y funerarias, costumbres, etc.). Los titulares de la tradición, como magos y sacerdotes, llevan a cabo esta tarea promoviendo cierto tipo de educación superior. Todo esto supone la invención de la escritura.