BARTOLOMÉ DE LAS CASAS


Bartolomé de las Casas nació en el año 1471 en España. Su padre vino a la Isla con Cristóbal Colón en el segundo viaje, en 1493. Después vino Bartolomé en el año 1502. Antes de venir de España estudió Derecho Canónico. Eso es estudiar todas las leyes que tienen que ver con la forma en que deben de hacerse las cosas en la religión. Cuando llegó a esta Isla era considerado como un clérigo, es decir, como una persona dedicada de lleno a la religión. Al principio Bartolomé de las Casas era un encomendero. Un encomendero era alguien a quien a nombre del Rey se le entregaba indios y tierra.

El encomendero se comprometía a educar los indios en la fe cristiana. Los indios, en cambio, tenían que trabajar para ese señor.

Pero Bartolomé de las Casas veía que algunos encomenderos maltrataban a los indios poniéndolos a hacer trabajos muy forzados. Entonces, Las Casas dejó eso de ser encomendero y se hizo sacerdote en el 1511. Fue el primer hombre que se hizo sacerdote en estas tierras.

En 1513 se fue a Cuba, pero volvió en 1515 a esta Isla. Vino con su voz más afilada de tanto usarla para defender a los indios de todo el abuso de los conquistadores. Desde aquí viajó a España y llegó hasta donde el mismo rey a quien le dijo los muchos abusos que se seguían cometiendo en contra de los indios.

Después que habló con el Rey, fue a la Corte de Justicia y también fue dondequiera que habla hombres de leyes; y en todas partes habló a favor de los indios. Pero no se detuvo ahí. De nuevo regresó a América y volvió a España y de allá vino otra vez para la Española. En esa época era muy arriesgado ir a Europa porque a las embarcaciones podía agárralas cualquier ciclón. Pero el padre de las Casas cruzó el océano doce veces para ir a decir allá lo que estaba pasando aquí con los indios.

Porque las Casa era como una mariposa: nunca se quedaba quieto.

Asi, yendo a España y viniendo luego, vivió en Cuba, después en Venezuela, luego en Guatemala, en México; vivió en cualquier parte donde tenía que ir a defender a los indios. Pero siempre venía mucho a esta Isla porque amaba mucho a los indios y a los hombres bondadosos de aquí. En México, Las Casas tuvo que luchar duro. Fue allá donde lo convirtieron en obispo del poblado de Chiapa. Pero, aunque era obispo, uno lo encontraba dondequiera. Iba por los montes con su bastón y su sotana a llevarles a los indios el consuelo y la esperanza que algunos españoles les arrancaban con sus abusos. Así andaba él repartiendo amor por dondequiera.

El padre Las Casas fue un gran evangelizador. Con su dulzura, así, tan bueno como era con todos, logró que muchos indios se hicieran cristianos. Porque con la dulzura es que se debe convencer a los seres humanos.

En el año 1547, cuando las Casas estaba envejecido de tanto clamar y de tanto ir por los montes y por los valles, se fue a vivir a España. Se fue y su persona no volvió, pero su espíritu se quedó en estas tierras. Como ya era un viejito se quedó en el convento de Atocha en Madrid. Ahí murió en el año 1567, cuando ya tenía 92 años de edad.

Fuente:
Personajes de Nuestra Historia
Colección Biblioteca Susaeta