LA PRIMERA REPÚBLICA


Una vez proclamada la República, se conformó una Junta Central Gubernativa. Los trinitarios, propulsores de la independencia absoluta, quedaron en minoría. Por ello, dicha Junta Gubernativa no estuvo encabezada por un trinitario, sino por Tomás Bobadilla, personaje de gran prestigio y perteneciente al sector conservador.

Una de las primeras medidas de la Junta fue pedir el regreso de Duarte, quien se encontraba exiliado en Curazao, junto con otros patriotas, y promover el pronunciamiento de los pueblos del interior, que poco a poco, se fueron sumando.

Gobierno de Santana

Los sectores conservadores se dedicaron a organizar el Estado. Se nombraron los primeros ministros y gobernadores, así como la organización del ejército y el servicio militar obligatorio. En noviembre de 1844, se redactó en San Cristóbal, la primera constitución de la República.

Esta primera Carta Magna, si bien inspirada en los principios liberales y democráticos de un Estado moderno, incluyendo la división de los poderes del Estado, tuvo que incluir, por presiones de Santana, el célebre artículo 210 que establecía que durante la guerra actual y mientras no esté firmada la paz, el presidente de la República puede libremente organizar el ejército y armada, movilizar las guardias de la nación; pudiendo, en consecuencia, dar las órdenes providencias y decretos que convengan, sin ostat sujeto a responsabilidad alguna.

El 27 de febrero de 1845, al conmemorarse el primer aniversario de la independencia, fueron fusilados María Trinidad Sánchez, Andrés Sánchez tía y hermano del patricio, y José del Carmen Figueroa acusados de conspirar contra el gobierno.

Durante todo el año de 1845 se luchó en las fronteras contra los continuos ataques haitianos, destacándose en estas luchas José Joaquín Puello, Antonio Duvergé y Francisco Antonio Salcedo.

Buenaventura Báez

Al quedar los trinitarios fuera del juego político, Buenaventura Báez y Pedro Santana capitalizaron durante muchos años la lucha por el control político nacional, sucediéndose varias veces en el poder.

Báez llegó al poder con el consentimiento de Pedro Santana. Fue el principal líder de los afrancesados que impulsaron el malogrado Plan Levasseur, y a partir de aquí, sería una de las principales figuras del panorama político nacional.

Una vez en el gobierno, Báez presentó un programa de gobierno muy liberal y progresista para la época. Pero, contradictoriamente, proclamó la continuación de la búsqueda del protectorado de alguna nación extranjera fuerte.

La autonomía con la que ejerció el poder y el liderazgo que fue forjando una vez en el gobierno, marcaron el rompimiento con Santana. A partir de ese momento, sus relaciones con Santana estarían caracterizadas por la rivalidad política.

Nuevas invasiones Haitianas

Entre 1855-1856 se dieron nuevos enfrentamientos contra los haitianos en los que tuvieron lugar importantes batallas como las de Santomé, Cambronal y Sábana Larga.


La Revolución de 1857

Báez, en su segundo gobierno, se enfrentó a una gran cantidad de problemas que venían arrastrándose desde 1844: devaluación de la moneda, crisis financiera, deuda pública.

A pesar de esta situación, procedió a emitir papel moneda sin respaldo con el que compró la cosecha de tabaco del Cibao, ofreciéndoles a los productores mejores precios que los comerciantes intermediarios.

El papel moneda no tardó en devaluarse estrepitosamente, descubriendo los tabaqueros que habían sido engañados por el gobierno.

El engaño generó un movimiento de agitación encabezado por los comerciantes de Santiago. El 7 de julio los principales comerciantes de la región dieron a conocer una proclama en la que desconocían el gobierno de Báez y llamaban a la población a tomar las armas.

El gobierno de Santiago convocó una Asamblea constituyente en la ciudad de Moca donde se elaboró una constitución de corte liberal, sumamente avanzada, en la que entre otras cosas, se establecía el sufragio universal y limitaciones al poder presidencial.

Se prohibió la reelección sucesiva y se le negó al Congreso la posibilidad de conceder al Presidente de la República facultades extraordinarias.

La redacción de esta constitución estuvo encabezada por una serie de intelectuales de gran prestigio y caracterizados por sus principios liberales, como fueron Benigno Filomeno Rojas, Pedro Francisco Bono y Ulises Francisco Espaillat.