ESENCIA DE LAS RELACIONES DE PRODUCCIÓN


Las relaciones sociales de producción se diferencian de las relaciones que existen en la producción y pueden denominarse relaciones técnicas de producción. Estas últimas son relaciones entre los hombres condicionadas por la distribución de éstos en la producción con arreglo sólo a la tecnología o la técnica, la organización del proceso de producción. Ahora bien, toda distribución de los hombres en la producción implica ya determinadas relaciones sociales entre los hombres.

Las relaciones económicas entre los hombres son, ante todo, relaciones de propiedad, impuestas por el proceso mismo de producción. Los bienes materiales producidos deben ser consumidos. Empero, para consumir cualquier producto, los hombres deben primero apropiárselo. Sin apropiación tampoco hay producción. "Toda producción —escribía Marx— es una apropiación por el individuo de objetos de la "naturaleza dentro del cuadro de una determinada forma social y mediante la misma. En este sentido sería una redundancia decir que la propiedad (la apropiación) es una condición de la producción".

La apropiación de medios de producción engendra relaciones sociales especiales entre los hombres. Dichas relaciones, a tono con las que guardan los hombres con los medios de producción y los resultados del trabajo (suyos y ajenos) se denominan relaciones de propiedad. Constituyen una condición indispensable para la participación de los hombres en la producción conjunta de medios de subsistencia y en la utilización de los mismos. Por eso se llaman relaciones económicas, de producción.

Las relaciones de propiedad van ligadas a los medios de trabajo y los objetos del trabajo, así como a los resultados de éste, al producto. Engels señalaba que ".. .la economía política no trata de cosas, sino de relaciones entre personas. . .", aunque dichas relaciones vayan ligadas forzosamente a las cosas, y en ciertas condiciones revisten incluso una forma materializada.

Las relaciones de propiedad constituyen la esencia de las relaciones de producción. Se distinguen dos tipos de propiedad. Si los medios, objetos y resultados del trabajo pertenecen a toda la sociedad considerada en conjunto, trátase de propiedad social. Pero, si las condiciones concretas de producción social (es decir, los medios de trabajo y los objetos del trabajo) pertenecen sólo a una parte de la sociedad, a unos u otros grupos de la misma o incluso a particulares, mientras que la parte restante de la sociedad está, de hecho, apartada de la apropiación de estas condiciones de producción, se trata de propiedad privada.

Los hombres de ciencia burgueses suelen reducir las relaciones de propiedad a las relaciones jurídicas, volitivas, que guardan los hombres respecto de las cosas, castrando el contenido socioeconómico de la propiedad, y proclaman que un tipo de propiedad, precisamente la privada, es un derecho natural del hombre y la estiman sagrada e inviolable.

Para los revisionistas, la propiedad no es más que una expresión exterior, jurídica, de cierto tipo de relaciones de producción, y no su esencia. Marx y Engels, al examinar las relaciones de propiedad, subrayaron reiteradas veces que las relaciones jurídicas no son otra cosa que el reflejo de las relaciones económicas objetivas propias de cada modo concreto de producción. Sólo en ese sentido se puede entender la observación de Marx acerca de que la relación de propiedad (como derecho de propiedad) es la expresión jurídica de las relaciones de producción5.

Todo el sistema de relaciones de producción o, lo que es lo mismo, de relaciones de propiedad en el sentido lato de la expresión, tiene por base las relaciones de propiedad sobre los medios de producción. Del tipo de propiedad sobre los medios de producción dependen el contenido y la conjugación concreta de los intereses económicos comunes y privados de los miembros de la sociedad, la estructura social de ésta, cómo asimismo el lugar y la situación de los hombres en la producción social.

Fuente: Economía Política “CAPITALISMO” Manual, Grupo de Autores Encabezado por el Académico A. Rumiantsev. Editorial Progreso Moscú, Pags. 7-9