EL MODERNISMO HISPANOAMERICANO - Enciclopedia de Tareas

EL MODERNISMO HISPANOAMERICANO


Hundiendo sus raíces históricas en el movimiento social y político lidereado por los intelectuales independentistas hispanoamericanos, el Modernismo surgió en distintos países del subcontinente como una respuesta al cientismo positivista. No es un azar que el periodo de maduración del Modernismo (de 1880 a 1910) haya sido el mismo en el que maduró la conciencia nacional de la mayoría de las entonces recién nacidas repúblicas hispanoamericanas. Esta madurez, sin embargo, estaba condenada a ser efímera, pues estaba minada por el neocolonialismo, sobre todo en el Caribe, como lo vislumbró uno de los principales prosistas del periodo modernista: el uruguayo José Enrique Rodó. Así, junto a la influencia cultural europea, la cual se acentuó hacia el final del siglo XIX a causa de las oleadas de inmigrantes provenientes de numerosos países de Europa empobrecidos por las guerras, el control económico y político ejercido por los Estados Unidos se fue haciendo cada vez más notorio, sobre todo a comienzos del siglo XX.

Comúnmente se considera el año 1888 – fecha de publicación de Azul… del poeta nicaragüense Rubén Darío – como el año en que la literatura hispanoamericana alcanzó su mayoría de edad. Fue tal el impacto que produjo la obra del nicaragüense, que en su época sólo hubo dos tipos de poetas: los rubenidas (sus émulos o seguidores) y sus detractores. Entre los que flanquearon a Darío se destacaron principalmente el boliviano Ricardo Jaimes Freyre, el colombiano Guillermo Valencia, el peruano José Santos Chocano, el argentino Leopoldo Lugones, el mexicano Amado Nervo. Es también en este grupo en el que cabe propiamente incluir al uruguayo Julio Herrera y Reissig, a pesar de su gran labor como precursor del modernismo en su país, por tratarse de uno de los poetas más importantes del modernismo.

Los poetas modernistas buscaban moldes adecuados y novedosos para manifestar su nueva sensibilidad. Así, ampliaron el valor expresivo de las palabras por medio de sinestesias que apelaban a diferentes sensaciones (furias escarlatas); sugirieron estados de ánimo a través del color (la negra angustia del pecado); enriquecieron el lenguaje mediante neologismo (alucinante), cultismo (flamante amor), galicismos (macabro); poblaron el lenguaje de seres mitológicos (centauros) y una exuberante vegetación (heliotropos); crearon sensaciones auditivas (claros clarines), dinamizando así el lenguaje poético.

Fuente:
MANUEL GARCÍA- CARTAGENA (Dominicano). Lengua y Literatura, 2do de Bachillerato, 2do Grado/ 1er Ciclo. Educación Media, Serie Ambar, Santillana. Pág. 162.