ERCILIA PEPÍN (BIOGRAFIA)


Fue hija de José Pepín y Edelmira Estrella. Por parte de su padre era sobrina de una legendaria figura de la vida política y militar de aquel entonces, el genera Perico Pepín, hombre de extraordinario valor, audaz, con firme poder de decisión, de humilde origen, de color negó, quien desempeñó por largo tiempo durante la tiranía de Ulises Heureaux, (Lilí), la importante y delicada función de gobernador de Santiago.

Poco tiempo después de haber cumplido cinco años quedó huérfana de madre la niña Ercilia. Se encargó de su crianza, a partir de ese momento, su abuela Carlota. La importancia política de su familia le permitió recibir, como caso de excepción, lecciones básicas de ciencias sociales, naturales, matemáticas, francés, física y otras disciplinas, del profesor Salvador Cucurrollo, erudito pedagógico empírico, de origen italiano, radicado en la ciudad de Santigo, desde 1896. Con este singular maestro aprendió con bastante perfección el italiano y francés la joven e inquieta alumna, en la cual se manifestó desde temprano su vocación de maestra.

Con apenas 14 años de edad, en 1900, comenzó su carrera como maestra en un curso de niñas del barrio “Nibaje”, de su ciudad natal. Seis años después, en 1906, al cumplir los veinte, es nombrada directora de la Escuela de Niñas del barrio Marilope. En 1908 asume la responsabilidad como profesora de Matemáticas y Ciencias Físicas y Naturales de la Escuela Superior de Señoritas, sustituyendo, entre otros, a su antiguo profesor don Salvador Cucurullo y transformándose, en la práctica permanente de la enseñanza, en una expresión innovadora, severa y eficaz que revolucionó y motorizó en su pequeña comunidad.

Ercilia Pepín amaba a su pueblo natal porque era para ella “algo así como una síntesis de la Patria”. Para esos años los vientos renovadores de la escuela racional de Eugenio María de Hostos comenzaban a extenderse por las comunidades más avanzadas del país. La profesora Pepín, receptiva y lúcida. Sumó a este método disposiciones que le permitieron organizar mejor la enseñanza y aplicar reglas de disciplina de extraordinaria trascendencia. Fue ella la que dispuso el uso de uniforme escolar por primera vez en la República Dominicana y el uso de un lenguaje respetuoso entre maestros y alumnos debiendo estos llamarla por su nombre agregado en primer lugar el título de “señorita”.

Impulsó el respeto a los símbolos de la patria, bandera y motivó para que músicos amigos compusieran himnos y cantos en honor a ellos. Como complemento del método racional de Hostos agregó a la enseñanza de la escuela Primaria Arte Manuales (o Trabajos Manuales como era común decir), Gimnasia y el Canto Coreado, introduciendo también asignaturas como el Dibujo y el uso de Mapas. La mayoría de estas medidas fueron criticadas, al principio, por sectores de la sociedad que no comprendían ni aceptaban las medidas innovadoras de Ercilia Pepín que, con apenas veinticinco años de edad, se había convertido, además de maestra, en una líder cívica de Santiago.

Inició el movimiento feminista en al país elevando su voz en defensa de los derechos de la mujer. Al mismo tiempo profundizó su campaña patriótica y nacionalista en promover el conocimiento y el respeto a los símbolos de la patria. Para entonces se había dedicado con firmeza y entusiasmo domésticos. En agosto de 1913, con Mención de Honor, recibe el título de Maestra Normal, en la escuela de su pueblo natal. Se lanza inmediatamente a encabezar una campaña con el fin de que se instale en Santiago un Instituto Profesional de Enseñanza Superior. Por Resolución del Congreso Nacional este inicia docencia en los últimos meses del año de 1915. Entre otras disciplinas se enseñará allí Matemáticas, Derecho, Medicina, Farmacia y Odontología. Ercilia, enamorada de la medicina, se inscribe para hacer la carrera. Poco tiempo después al producirse la intervención militar de los Estados Unidos en 1916, el instituto cierra sus partes.

Se suma la distinguida maestra, en posición de vanguardia, a la lucha contra la intervención militar estadounidense. Realiza actividades y dicta conferencias. Habla de Patria, Amor a la tierra donde hemos nacido. Exige que los estudiantes se aprendan el Himno Nacional y que se descubran al cantarlo y enhestar la bandera, extendiendo esas costumbres a todo el resto de la ciudadanía sin importar el sexo o la edad. Repite y levanta, en conmovedor sentimiento, los nombres de los próceres y héroes nacionales significando los nombres de Duarte, fundador de la República y el de Hostos, como el gran maestro del pueblo dominicano.

Se niega representar al país en un evento internacional para no ostentar credenciales extendidas por el gobierno militar interventor, representante de un Estado que pisoteaba la soberanía nacional. Ya era para entonces no sólo la primera maestra dominicana, sino también la primera mujer intelectual del país. Fundó en 1920 el “Colegio México de Señoritas”. Es distinguida y homenajeada por figuras intelectuales de la categoría de Fabio Fiallo, Luis C. del Castillo, Félix Evaristo Mejía y Arístides Fiallo Cabral. A ellos se suman Federico y Francisco Henríquez y Carvajarl, don Pancho, este último esposo de Salomé Ureña, a quien admira y glorifica Ercilia Pepín, que sin haberla conocido se ha convertido en la continuadora de su patriótica y beneficiosa misión como educadora.
Fuente:
Mujeres Dominicanas Heroicas y Destacadas. Elvis D. Cartagena. Págs. 14-15