PINTURA MURAL - Enciclopedia de Tareas

PINTURA MURAL


La pintura mural es un tipo de pintura bidimensional condicionada por los paramentos arquitectónicos o muros que actúan de soporte. Son las condiciones de solidez y de permeabilidad de los muros lo que influye este tipo de pinturas muy sensibles a la humedad.

Estas circunstancias aconsejan no pintar en fachadas, logias u otros lugares expuestos a la acción de lluvias o nieblas, o en los muros que, por razones de construcción o de emplazamiento, tengan humedad.

Procedimientos técnicos
Una de las técnicas propias de la pintura mural y la más común es el temple. Requiere de un proceso de preparación del muro previo a la ejecución de la obra. Primero se le da un enlucido de yeso blanco, que no sea calizo, se lijan las irregularidades y se pasa una mano de templa por toda su extensión. Cuando está seca se disimulan los fallos o grietas con una masilla confeccionada con tres partes de yeso blanco y una tierra blanca, amasada con el mismo temple, la cual se conserva en un envase apropiado para ser utilizada de un día para otro. Una vez seco este material se lija y se repasan de templa.

Puede ocurrir que las superficies de los muros o techos, a pesar de todas las preparaciones señaladas, no ofrezcan las garantías necesarias, procediéndose en este caso a forrarlas con tela de retor o un tejido de hilo de poco cuerpo.

Antes de realizar la decoración pictórica propiamente dicha ha de procederse a enfundar, o sea pintar los muros con las tintas generales, de acuerdo con el boceto.

Sin posibilidad de retoque
Como la decoración mural no permite improvisaciones ni tampoco copiar del natural, el pintor ha de estar rodeado durante la ejecución de la obra de todos aquellos antecedentes y elementos que le ayuden a triunfar en su cometido. El boceto en este caso es indispensable y en él han de estar implícitamente resueltos la distribución de las masas, los valores cromáticos y la entonación. Aunque en algunos casos se dibuja directamente es conveniente preparar dibujos de las figuras hechos a su tamaño y de las arquitecturas u ornamentos de trazado complejo, sobre papel fuerte.

Una vez hecho todo esto se procede a pintar al temple. Gracias a todos los procesos previos los colores penetran muy bien en la pared y se consigue una conservación muy durable, aunque tiene la dificultad, para el pintor, que la obra al fresco tiene que pintarse sin posibilidad de error y con celeridad, de modo que casi nunca es posible corregir o retocar.

Historia
La pintura mural se desarrolló durante el largo periodo del paleolítico superior. Se pintaba en las paredes, ya que desde siempre el hombre ha necesitado expresarse a través de superficies coloreadas que oscilan entre el signo abstraído de la naturaleza y el dato que se toma partiendo de la realidad natural.
Las cuevas de Altamira (Santander, Cantabria) son un ejemplo clarísimo de este tipo de pintura mural. Los investigadores aseguran que eran las duras condiciones climáticas las que obligaban a los pintores en trabajar en cuevas.

Hoy en día, las técnicas que usaban para hacer ese tipo de pintura mural producen admiración por su sencillez y porque son perdurables. Los instrumentos que usaban para extender los colores eran sus propios dedos o pinceles.

Para crear los colores usaban como aglutinante la grasa animal, a la cual añadían diferentes pigmentos para colorarlo. Se sabe que los productos más usados eran el óxido de manganeso, que producía tonalidades grises y rojizas, y el óxido de hierro, de una gamma entre el rojo y el ocre. También usaban el carbón, y en algunos casos, sangre. Este procedimiento fue ideal para conseguir una adherencia perfecta sobre las rocas porosas de las cuevas.

Fuente: http://www.artelista.com/pintura-mural.html