En la edad media perduraba la idea expuesta
por Aristóteles acerca de la generación
espontanea. Es decir, que los seres vivos podían surgir de seres o
circunstancias ajenas a la existencia de uno progenitores semejantes a ellos.
Así se creía que las lombrices se forman en el lodo o que los cadáveres
originan gusanos. Incluso, en el siglo XVlll, van Helmont publicó una receta
para producir ratones a partir de trapos viejos y unos granos de trigo.
A pesar de que numerosos científicos de los
siglos XVll y XVlll negaban la generación espontánea, no fue hasta 1862 cuando Louis
Pasteur demostró, de forma contundente, la falsedad de esa teoría.
Hasta la última mitad del siglo XlX, la
sociedad científica era creacionista y consideraba que la ciencia no tiene nada
que decir en cuanto a la creación divina de todos y cada uno de los seres
vivos.
Ya entrado el siglo XX, muchos científicos
empezaron a investigar sobre el origen de la vida, y las primeras hipótesis se
enunciaron apoyadas en el principio del actualismo.
Tomado de: Biología 3, Educación Media.