¿POR QUÉ HUIMOS DE LA SOCIEDAD? - Enciclopedia de Tareas

¿POR QUÉ HUIMOS DE LA SOCIEDAD?


La soledad, cuando no ha sido elegida, es una de las situaciones vitales más angustiosas y temidas por el ser humano.

Somos animales gregarios y, como tales, al vivir en sociedad multiplicamos nuestras expectativas de supervivencia. Y además, gracias a nuestra excepcional inteligencia y a nuestro avanzado lenguaje podemos crear una superestructura cultural que nos eleva por encima del resto de los animales y nos ofrece posibilidades de desarrollo ilimitadas.
Pero para que la sociedad funcione, como lo ha hecho hasta ahora, es necesaria la comunicación entre los individuos y la comunicación sólo es posible cuando estamos en compañía.

Para obligarnos a buscar la compañía de otros y a comunicarnos con ellos, la naturaleza nos ha dotado del instinto de la sociabilidad cuya misión es premiarnos cuando establecemos comunicaciones relevantes y castigarnos cuando no lo hacemos. El temor a la soledad no es otra cosa que la expresión del miedo que sentimos al castigo que nuestra propia mente nos administrará si nos quedamos aislados.
Según esto, existen tres clases de soledad:

- La soledad impuesta por el entorno. El naufrago en una isla desierta o el emigrante en un país donde no conoce a nadie ni habla el idioma. Esta soledad es impuesta, pero puede superarse si se trabaja para salir de ella (se construye una balsa o se aprende el idioma).

- La soledad impuesta por las propias limitaciones. Es la soledad que se produce cuando un individuo no consigue establecer relaciones relevantes con los demás. La causa puede estar en algún fallo, deficiencia o peculiaridad en su mente o en su educación que le impide o le dificulta establecer relaciones que resulten deseables para sus potenciales interlocutores.

Esta soledad es la más dura de sobrellevar porque no se le ve posible salida y, además, el sujeto se siente culpable de ella o, peor aún, se siente blanco del odio y del desprecio de los demás. Y generalmente su propia incapacidad le impide comprender cuál es la razón de su situación y encontrar una posible salida.

- Por último está la soledad buscada y deseada. Ocurre cuando estamos fatigados de una relación intensa, cuando necesitamos concentración para meditar o resolver un problema complejo o, simplemente, cuando sentimos la necesidad de estar solos. Cada individuo tiene sus propias necesidades de soledad que pueden variar a lo largo de las diferentes situaciones personales por las que atraviesa. La soledad buscada no es un problema, o al menos no es percibida por el sujeto como un problema, aunque en algunos casos podría serlo. Tal vez los que padecen un autismo leve, no necesiten de la compañía, pero eso es un reflejo de un problema psicológico serio.



Fuente:
http://tertuliafilosoficatoledo.blogspot.com/