SEIS METÁFORAS SOBRE EL GRUPO


LAS CONDICIONES MÍNIMAS PARA LA GRUPALIDAD

El grupo es la metáfora de nuestra existencia. Se trata de una metáfora en proceso de elaboración, y por tanto, de esta metáfora siempre inconclusa, que a pesar de ello tiene una presencia contumaz en nuestra vida, que se combina con apariciones momentáneas fulgurantes. Siendo la primera de estas metáforas: el grupo como un destello fugaz que acompaña muchas de nuestras actividades.

LA FACILITACIÓN SOCIAL

El fenómeno por excelencia es la facilitación social, u este se produce cuando los miembros del grupo ejecutan individualmente una actividad en presencia de otros que están haciendo lo mismo. Esto supone una fuente de estimulación que actúa como coadjudante en la ejecución. Partiendo de estas consideraciones teóricas y de los resultados de los estudios llevados a cabo por el propio Allport , cree que las investigaciones desarrolladas en esta área caben dentro de dos grandes paradigmas experimentales: el primero se centra en el estudio de la conducta cuando s e produce en presencia de espectadores pasivos. El segundo analiza la conducta cuando se presenta en presencia de otras personas que están realizando la misma actividad. En un caso nos ocupamos de estudiar los efectos de la audiencia sobre una conducta, mientras que en otro el interés se centra en los efectos de lo que, se ha llamado la “coactividad”. Los efectos de la audiencia han sido reiteradamente observados en el rendimiento de diversas actividades, una de cortes estrictamente físico y otras más cercanas atareas intelectuales. El paradigma experimental no reviste grandes dificultades. Se trata de analizar el rendimiento de un sujeto cuando realiza una actividad mientras está solo, y compararlo con el que obtiene en esa misma actividad cuando se encuentra en presencia de otras personas, que simple y pasivamente observa el discurso de dicha actividad.

El segundo de los paradigmas experimentales entra en juego cuando un conjunto de individuos están implicados simultáneamente en la ejecución de una misma actividad y cada uno puede ver y observar lo que otro hace. En no pocas ocasiones, tanto la audiencia como la coactividad suponen un freno para la ejecución.” La presencia de espectadores sirve de obstáculos para la adquisición de nuevos conocimientos, mientras que favorece la expresión de los ya adquiridos”. La ejecución se facilita y el aprendizaje se entorpece, de suerte que la conclusión definitiva es más predecible: la presencia de espectadores favorece la emisión de respuestas predominantes y los hace mediante la actividad fisiológica de un proceso psicológicamente tan relevante como como es el de la motivación: bes justamente esta la que ve favorecida por la presencia de espectadores.

LA GRUPALIDAD COMO NORMA

Según tajfel la conducta por excelencia dl ser humano: la conducta intergrupal. Esta puede acontecer de manera extremadamente fácil, y a veces con una espontaneidad inusitada sin necesidad de que medie el conflicto, la competición o la lucha por intereses comunes; de hecho ni siquiera sería necesaria la interacción y el conocimiento entre los miembros del grupo en cuestión. No es necesarioque las personas se conozcan, nique interactúen con regularidad, ni que compartan metas, ni que respeten las mismas normas, ni que tengan el mismo líder.

Conducta grupal y categorización
La conducta social humana se encuentra poderosamente moldeada, al menos en nuestras sociedades, por conceptualizaciones de carácter social en las que las inferencias sobre intereses, motivos, intuiciones, acciones y atributos de los grupos y de los individuos se estructuran en términos de categorizaciones entrelazadas del mundo social en una variedad de endogrupos y exogrupos. A veces, estas inferencias son consecuencia directa de determinantes objetivos del conflicto y la competición intergrupal: a veces, están relacionadas con actitudes y conductas respecto a exogrupos que están al servicio de una función psicológica con mucha frecuencia etas dos variantes se encuentran en una interdependencia. Pero esta doble clasificación no tiene en cuenta otro aspecto de las relaciones intergrupales que en su rasgo permanente: una red de categorizaciones intergrupales está permanentemente en el ambiente social. Una idea centra nuestra atención en el momento: la omnipresencia de la categorización intergrupal en nuestras vidas, que no es sino una manera de expresar la omnipresencia del grupal. Esto es lo que da pie a tajfel para idear una estrategia experimental que, dejando al lado todas las razones que se habían manejado como conducentes al favoritismo endogrupal o la discriminación exogrupal. Ese es el listado que hace el propio autor, tuviera en cuenta los siguientes criterios:

1. Ausencia absoluta de interacción cara a cara entre los sujetos.
2. Completo anonimato de los miembros del grupo.
3. Ausencia de vínculos instrumentales racionales en los criterios para a categorización intergrupal y en la naturaleza de las respuestas solicitadas por los sujetos.
4. La estrategia de responder en términos de diferenciador intergrupal debe enfrentarse a una estrategia basada en otros principios más “racionales” o “utilitarios”, como la consecución del máximo beneficios para todos.
5. Finalmente, pero no por ello menos importante, la respuesta debe ser lo más relevante posible para los sujetos.

LOS FUNDAMENTOS PSICOLÓGICOS DEL ORDEN Y DEL CAMBIO SOCIAL
Si el de Triplett fue el primero, al experimento de Sherif le cupo el honor, ampliamente reconocido, de marcar una pauta firme para el futuro de la psicología social: el reiterado intentode comprobar de manera empírica, y si es posible bajo control experimental, el funcionamiento de las diversas manifestaciones del comportamiento humano.

EL GRUPO COMO INSTRUMENTO DE PERCEPCIÓN
La vida social está regulada por costumbres, tradiciones, modas leyes y reglas que enmarcan y definen una parte importante de las actividades que llevamos a cabo a lo largo de nuestra vida cotidiana. Las normas sociales son las regulaciones que caracterizan la vida social, son fruto de la interacción. “son producto del contacto humano en el curso de la historia.
EL GRUPO COMO INSTRUMENTO DE CAMBIO

El cambio social: ese sede Lewin. La posibilidad de utilizar el grupo como un campo de fuerzas que ponemos en marcha para producir un cambio en las personas. A Lewin le llama poderosamente la atención es que resultado e intenta dar cuenta de él comparando el grado de implicación en la discusión grupal frente a la conferencia, una comparación q use se da con la siguiente: el debate, si se lleva correctamente, puede suscitar un grado mayor de implicación personal.

El grupo como instrumento de cambio la posibilidad de utilizar al grupo como un campo de fuerzas que ponemos en marcha para producir un cambio de personas. A Lewin le llama la atención poderosamente este resultado e intenta dar cuenta del comparando el grado de implicación en la discusión grupal frente a la convivencia. El debate si e lleva correctamente, puede suscitarun grado mayor de implicación personal. El procedimiento de grupos este experimento sigue un método gradual concebido con la finalidad A. de garantizar un fuerte implicación Y B. de no impedir la libertad de expresión. Se establece, una relación entre debate, implicación y acción. La implicación de las personas de decisión que se toman del grupo facilita un comportamiento individual acorde con ellas y allana las diferencias individuales.

LOS PELIGROS DE LA SUMISIÓN
Lewin nos ha propuesto una bella metáfora a: el grupo como instrumento de emancipación, y Asch nos demuestra su otra cara: el grupo como instrumento de opresión. Dos caras de una misma moneda; la realidad frente a un espejo.

Independencia y sumisión
Son las dos formas básicas de reaccionar ante la presión, y las dos hacen acto de presencia a lo largo de las reiteradas pruebas experimentales.

Las personas que muestran independencia de juicio hacen en dos grandes términos: los hay que confían realmente en sí mismos. Pero los hay que muestran una independencia sin confianza. Son aquellos a los que les gustaría estar equivocados, y para quienes estar en contra del grupo reviste un problema rayando a veces en el drama. Se trata de sujetos que se volcaran hacia la conformidad en cuanto se incremente en lo más mínimo la ambigüedad del estímulo. Son independientes a su pensar, una especie muy frecuente entre los humanos.

Frente a la independencia, el sometimiento a la presión, la “subordinación de los procesos mentales legítimos a los de los demás”, es una forma de reacción que se reviste de varios ropajes. Mucha más importancia reviste el sometimiento debido a la distorsión del juicio, que se deja resumir en el elemental principio de que “yo soy el equivocado, los otros, que son más, son los que tienen la razón”.

Pero no todos los sujetos son tan enrevesados cognitivamente; los hay mucho más discretos, aquellos a los que tan solo les preocupa no parecer diferentes, entre otras razones, por miedo a ser rechazados por el grupo; son sujetos que tienen instalado en su esquema cognoscitivo el grupo como norma, que hemos visto en el epígrafe anterior.

De entrada cuando las personas se encuentran dentro de un contexto grupal, ya no hay posibilidad de que el grupo le sea indiferente. Cuando las personas se enfrentan a una situación grupal, “existe un impulso hacia el grupo”, un impulso de atracción, de oposición, de indiferencia, de poder, de presión. No importa: el grupo nunca pasa desapercibido para los sujetos que pertenecen a él.

Sumisión e independencia
Cuando el individuo anulan su capacidad de pensar juzgar a su modo, cuando dejan a relacionarse independientemente con las cosas y las personas, cuando renuncian a su iniciativa y la delegan en otros, alteran el proceso social e introducen en él una arbitrariedad radical. El acto de independencia es productivo desde el punto de vista social, puesto que constituye la única forma de corregir errores y de guiar el proceso de social de acuerdo con las exigencias experimentadas. Por otra parte, el acto de sumisión es antisocial, porque siembra el erro y la confusión. La acción compartida que reposa en la supresión voluntaria o involuntaria de la experiencia individual, constituye un proceso sociológico nocivo. Por la misma característica, la acción de grupo debe poseer una dinámica y un poder enteramente diferentes cuando sus propósitos e ideas descansan en el discernimiento de sus miembros humanos.

La “virtud” de la obediencia
La obediencia es un elemento básico en la estructura d la vida social, la obediencia, como un determinante de la conducta, es algo de importancia particular es nuestra época. Tanto hechos de la historia más reciente como la experiencia de la vida de cada día, nos hacen pensar que para no pocas personas la experiencia puede ser una tendencia comportamental profundamente enraizada, más aun, un impulso poderosísimo que pasa por encima de consideraciones éticas, de la simpatía y de la conducta moral.

LA ATMÓSFERA DE GRUPO
Este es el contexto: la importancia de la atmosfera de un grupo, que domina una organización, del modelo cultural que caracteriza una sociedad, y el convencimiento del protagonismo que en este contexto adquiere el rol de líder. Ese fue precisamente el objetivo que se plantearon Ronald Lippitt y Ralph White, dos de los discípulos de Lewin:

1. Estudiar las conductas típicas de tres estilos de ejercer el liderazgo: estilo autoritario, estilo democrático y estilo liberal.
2. Analizar los efectos de cada uno de ellos sobre los que ocurren el grupo.
3. Ver qué sucede cuando los sujetos pasan de estar en un grupo dominado por un determinado estilo, a otro con otro estilo distinto.

LAS METAS EXTRAORDINARIAS
El supuesto del que ha partido el grupo de Lewin está claro: manipulemos el modo de ejercer el liderazgo y veamos lo que ocurre. Los resultados han sido igualmente nítidos: los líderes autoritarios pueden ser eficaces y hasta simpáticos, pero arrastran al grupo por derroteros teñidos de desconfianza y empedrados de agresividad. El control y la dependencia respecto al líder se erigen en unos valores centrales, lo que forzosamente se acompaña de una inevitable coacción de la individualidad y acoso a los disidentes. Todo ello alimenta un profundo sentimiento de insatisfacción y descontento que se traduce en una más que confortable sensación de descanso y liberación colectiva: al término de la experiencia.

Las fricciones entre los grupos
1. Cuando los miembros de dos grupos entran en contacto en una serie de actividades que incorporan metas que cada grupo desea urgentemente pero que solo uno de ellos puede conseguir a expensas del otro, la actividad competitiva hacia el logro de la meta cambia con el paso del tiempo y se convierte en hostilidad entre los diversos grupos y entre sus miembros.
2. En el curso de tales interacciones competitivas comienzan a aparecer actividades e imágenes desfavorables del otro grupo que acaban por consolidarse estableciendo una clara distancia social entre ambos.
3. El conflicto entre los dos grupos tiende a producir aumento de la solidaridad dentro de cada uno de ellos.
4. La solidaridad y el orgullo en el grupo se reflejan en la sobreestimación de los logros de los compañeros, y en la indiferencia e incluso el desprecio de los logros de los miembros del otro grupo.
5. Cuando las relaciones intergrupales propiamente dichas acarrean consecuencias para los grupos en cuestión, incluyendo el conflicto, tienden a producir cambios en la organización y en las actividades de relación y de tarea dentro de ellos.

Dos son las conclusiones; el conflicto para conseguir metas que todos buscan pero que solo un grupo puede lograr, es condición suficiente para que surjan actividades hostiles y agresivas, envueltas en actitudes y estereotipos que rodean al exogrupo de características negativas. La segunda de las conclusiones está presidida por una metáfora de hondo calado; la influencia de la situación, el poder destructor de determinados contextos grupales, el desvanecimiento del sujeto en medio de las luchar intergrupales.

La reducción de la tensión

Los esfuerzos en común en situaciones como estas no despejan la hostilidad inmediatamente. Pero en forma gradual, la serie de actividades que requieran acción interdependiente redujeron el conflicto y la hostilidad entre los grupos.

LA DESINDIVIDUACIÓN
El anonimato d la persona como desencadenante; la máscara detrás de la que nos escondemos para hacer cosas que no seriamos capaces de hacer a cara descubierta. A todo esto llamamos desindividuación. Y cuando esto ocurre, lo más probable, apuntan estos autores, es que las personas relajen sus niveles de exigencia y control sobre determinados comportamientos, sobre esos comportamientos que muchas veces nos hubiera gustado ejecutar y no nos hemos atrevido. La desindividuación rompe las cadenas del miedo, arrasa con los valores personales, pasa como un huracán devastador por encima de las consideraciones sociales, y acaba por ponernos en bandeja aquello con lo que tantas veces habíamos soñado.

Esto es precisamente lo que constituye el proceso de desindividuación: minimización de las características individuales y anonimato.

Es la descripción más contundente de la desindividuación en la que confluyen la inmersión del individuo en el grupo y el más profundo y triste de los anonimatos.

Metamorfosis
El valor social potencial en este este estudio deriva precisamente del hecho de que jóvenes normales, sanos y con alto grado de educación formal pudieran ser transformados radicalmente bajo las presiones institucionales del entorno de una prisión. El argumento seguiría así: si esto sucede en tan corto tiempo, sin los excesos que son posibles en las prisiones reales, en la flor y nata de la juventud del país, entonces no cabe más que echarse a temblar ante la imagen de lo que la sociedad está haciendo tanto a los guardias como a los prisioneros reales que en este mismo momentos están participando en ese antinatural “experimento social”.

La patología grupal
Desgraciadamente la insistencia de los psiquiatras tradicionales, los psicoanalistas y los psicólogos de la personalidad en que la conducta desviada o patología es un producto de los débiles, de rasgos latentes y de toda una cohorte de disposiciones internas supuestas ha hecho un flaco servicio a la humanidad. Los que ocupan posiciones de poder han decidido de esta forma un arsenal de etiquetas para aplicará a los que carecen de poder, a los pobres, a los disidentes, a los conformistas, a los revolucionarios, etc. Permitiéndoles mantener el status y convirtiendo a las personas en problema en lugar de las injusticias en la situación vital económica/socio/política. Además, este análisis disposición al se convierte en un arma en mano de los legisladores reaccionarios y de las agencias encargadas de sancionar la leyes, ya que entonces las personas que son consideradas como problema pasan a ser tratadas por una de las instituciones ya exigentes mientras que las situaciones problema son ignoradas o despreciadas como o irrelevante o demasiado complejas para cambiar fácilmente.

Fuente:
(2013, 05). estudiante. BuenasTareas.com. Recuperado 05, 2013, de http://www.buenastareas.com/ensayos/Estudiante/26644163.html