FUENTE DE ALIMENTACIÓN DE LA VACA – Alimentación de la vaca - Enciclopedia de Tareas

FUENTE DE ALIMENTACIÓN DE LA VACA – Alimentación de la vaca



Recibe el nombre de “Vaca” en el caso de la hembra, el macho es llamado “Toro”, es un animal herbívero, mamífero artiodáctilo de la familia de los bóvidos. El nombre científico es el que se le asignó al animal vacuno doméstico europeo y norasiático, un conjunto de bóvidos domésticos descendientes de la subespecie de uro salvaje euroasiático conocida como Bos primigenius primigenius; mientras que se denomina Bos primigenius indicus a los cebúes y otras razas bovinas domésticas provenientes del mismo tronco, y descendientes de la subespecie de uro salvaje del Sudeste Asiático, denominado Bos primigenius namadicus. Se trata de un mamífero rumiante grande y de cuerpo robusto, con unos 120-150 cm de altura y 600-800 kg de peso medio.


La vaca es un animal herbívoro y necesita comer hierba. La principal fuente de alimentación de la vaca es el pasto. Se llama pasto a cualquier cosa que sirve para el sustento de los animales, especialmente la hierba que el ganado come en el mismo terreno donde se cría. En general, el pasto es de origen vegetal, aunque el producto que se da al ganado doméstico puede ser un derivado procesado al cual se hayan añadido minerales o restos animales.

Al nacimiento, los becerros solamente tienen desarrollado el abomaso, y se alimentan únicamente de la leche materna; todavía no se les considera como rumiantes. Aproximadamente a los tres meses de edad, cuando se le permite consumir forrajes, el becerro ya tiene en funcionamiento sus cuatro estómagos, a partir de ese momento ya es rumiante.

Entre los granos y forrajes comúnmente empleados para alimentar a las vacas se encuentran la alfalfa, el sorgo, el maíz, la cebada, los ensilados, la avena y diversos pastos, entre otros.

Un alimento rico y bueno contiene más energía que un forraje pobre, de forma que una vaca obtiene de 1 kg de sorgo, cebada o maíz, tanta energía como de 6 kg de hierba. Algunos alimentos son muy pobres y de poco valor para el animal. Por ejemplo, la paja vieja contiene poca energía, la mayor parte no es digerible y se expulsa al exterior como excremento.

  • Los forrajes fibrosos son voluminosos y pobres en carbohidratos productores de energía. Son ejemplos de este tipo de alimentos la hierba, los tallos de maíz y de batata.
  • Los concentrados son piensos ricos en proteínas y carbohidratos, por ejemplo los granos.

El gran tamaño del estómago de los rumiantes con sus cuatro compartimientos permite a éstos vivir fundamentalmente alimentándose de forrajes bastos. Los animales con un solo estómago necesitan más concentrados que los rumiantes.

La alimentación de la vaca está constituida por hierbas, tallos, hojas, semillas y raíces de numerosas plantas, la misma no está capacitada para digerir ciertas sustancias como las ligninas y los taninos. En el pasto, las plantas que consumen preferentemente son las gramíneas. También aprecian las fabáceas, y constituyen una fuente importante de nitrógeno cuando se encuentran entre el pasto; entre las más frecuentes se encuentran el trébol blanco, el trébol rojo, el loto y la alfalfa. Por motivos de producción o gestión ganadera, o cuando la disponibilidad de hierba no es suficiente, para alimentar a los animales los ganaderos utilizan forrajes cosechados durante la primavera o verano y que se han conservado. Se pueden distinguir varios tipos de forrajes según el método empleado para su conservación. El heno es uno de los más utilizados; se trata de hierba segada en verano que se seca al sol antes de cosecharlo. Otro de los métodos de conservación habitual es el que conduce a la formación de ensilajes; este sistema se basa en la fermentación de los glúcidos solubles contenidos en los forrajes por bacterias lácticas para hacer disminuir el pH del forraje e impedir la acción de las bacterias que causan la putrefacción. Los ensilajes se conservan en un medio anaerobio (generalmente cubiertos por un toldo de plástico) para impedir su deterioro por la acción de bacterias aerobias. Suelen producirse a partir de hierba o de maíz. Las normas de fabricación de ciertos quesos AOC como el gruyer y el emmental no permiten el uso de ensilajes porque se considera que contienen un gran contenido de gérmenes butíricos que afectan la calidad de la transformación quesera. También se puede alimentarlos con paja, pero este alimento, que tiene un alto contenido de lignina, no es muy alimenticio, aunque puede ser tratada con amoníaco o sosa con el fin de mejorar su digestión por parte de los animales.

Por razones de engorde, incremento de la tasa de crecimiento o de aumento de la producción lechera, la ganadería intensiva moderna, además del forraje tradicional, les proporciona a su ganado complementos concentrados energéticos o proteínicos así como complementos minerales y vitamínicos. Estos complementos pueden ser aportados bajo diferentes formas, como pueden ser los cereales, que permiten aportar energía a los animales. Entre los más utilizados se encuentran el trigo, el triticale, la cebada, la avena, el mijo, el sorgo y el maíz. Como complementos energéticos también se utilizan raíces y tubérculos. La remolacha, rica en azúcares solubles, las patatas y la mandioca, ricas en almidón, son alimentos particularmente energéticos. A menudo también se utilizan sus subproductos, como la melaza y la pulpa de remolacha azucarera, residuos de la cristalización de los azúcares de la remolacha.

Las fuentes de proteínas más habituales son los turtós, residuos sólidos obtenidos tras la extracción del aceite de semillas o frutos oleaginosos. Los turtós más utilizados son los de soja, los de colza, los de girasol y los de lino. Durante mucho tiempo se utilizaron harinas de origen animal como concentrados proteínicos. A principios de los años 1970, en el Reino Unido no se respetaron algunas reglas de higiene que permitían evitar la transmisión de enfermedades, y se desencadenó una epizootia de encefalopatía espongiforme bovina (o EEB, conocida comúnmente como la «enfermedad de las vacas locas») que obligó a sacrificar a cientos de miles de reses. Los primeros casos de animales enfermos se declararon en el Reino Unido en 1986, y en 1996 se detectó en el ser humano una nueva enfermedad, una variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, que se relacionó con la epidemia de EEB en el ganado vacuno.

Las vacas por lo general no necesitan un aporte de las nueve vitaminas hidrosolubles (B1, B2, B3, B5, B6, B8, B9, B12 y C), porque las bacterias de su panza las sintetizan.