Día de la Independencia Brasileña – 7 de septiembre

Brasil es un país soberano de América del Sur, oficialmente República Federativa de Brasil que comprende la mitad oriental del subcontinente y algunos grupos de pequeñas islas en el océano Atlántico. Este país lleva como lema “Orden y Progreso”.

Tras el Tratado de Tordesillas, el territorio brasileño fue el segmento del continente americano que correspondió al reino de Portugal, del cual obtuvo su independencia el 7 de septiembre de 1822. Así, el país pasó de ser parte central del reino de Portugal a un imperio para finalmente convertirse en una república. Su primera capital fue Salvador de Bahía, que fue sustituida por Río de Janeiro hasta que se construyó una nueva capital, Brasilia. Su constitución actual, formulada en 1988, define a Brasil como una república federativa presidencialista. La federación está formada por la unión del Distrito Federal, los 26 estados y los 5565 municipios.

La Independencia de Brasil comprende una serie de eventos políticos ocurridos entre 1821 y 1824, la mayoría de los cuales incluyeron conflictos entre Brasil y Portugal. Dando así paso a la proclamación de independencia presentada por el Imperio de Brasil el 7 de septiembre de 1822. Fue un período importante en la historia del país y se diferencia del resto de guerras de independencia hispanoamericanas en que el proceso fue dirigido por un miembro de la de familia real, el príncipe heredero Pedro I, que se convertiría en emperador. El régimen resultante fue el Imperio de Brasil, una monarquía constitucional que perduró hasta 1889 siendo así el régimen monárquico independiente más duradero de América.

Causas

No se puede comprender el proceso independentista sin pensar en el proyecto recolonizador de las Cortes portuguesas: el verdadero origen de la definición de los diversos grupos en Brasil. Aunque la ruptura política con Portugal era el mayor deseo de la mayoría de los brasileños, subsistían aun muchas divergencias. En el movimiento emancipador había grupos sociales distintos: la aristocracia rural del sudeste (“partido brasileño”), las camadas populares urbanas («liberales radicales») y finalmente, la aristocracia rural del norte y del noreste, que defendían el federalismo e incluso el separatismo.

La aristocracia rural del sudeste, la más poderosa, era conservadora, por lo que luchaba a favor de la independencia, pero a la vez defendía la unidad territorial, la esclavitud y sus privilegios de clase. Los liberales radicales querían la independencia y la democratización de la sociedad, pero sus jefes, Joaquim Gonçalves Ledo y José Clemente Pereira, permanecían aliados a la aristocracia rural, sin revelar una verdadera intención revolucionaria. La aristocracia rural del norte y del nordeste enfrentaba la fuerte resistencia de los comerciantes y militares portugueses, fuertes en Pará, Maranhão y Bahía. Además de ello, desconfiaban de la política centralizadora de José Bonifácio.

El "partido portugués" en Brasil apoyaba a las Cortes; mientras que el "partido brasileño" y los "liberales radicales" estaban en contra, pero divergían en sus objetivos. Para el "partido brasileño", el ideal era la creación de una monarquía dual (Brasil y Portugal) para preservar la autonomía administrativa y la libertad de comercio. Pero la intransigencia de las Cortes portuguesas, provocó que el partido se inclinara por la emancipación, sin alterar el orden social y sus privilegios. Ya los "liberales radicales" formaban un grupo casi revolucionario, bien cerca de las masas populares urbanas, con algunos de ellos incluso notables republicanos. En conjunto, se trataba del grupo más receptivo a cambios profundos y democráticos en la sociedad.

La concretización de las aspiraciones de cada uno de estos grupos era distinta. Los grandes propietarios rurales unidos al "partido brasileño" disponían de los medios efectivos para la realización de sus objetivos. El ansia por un comercio libre encontraba apoyo en fuerzas internacionales, lideradas por la burguesía británica. La sólida base económica y social esclavista garantizaba los recursos materiales para resistir con éxito una probable amenaza recolonizadora por parte de Lisboa.

La situación de Brasil permaneció indefinida en 1821. Pero el 9 de diciembre llegaron a Río de Janeiro los decretos de las Cortes que ordenaban la abolición de la regencia y el inmediato regreso de Don Pedro a Portugal; la obediencia de las provincias a Lisboa y no más a Río de Janeiro y la extinción de los tribunales de Río. El "partido brasileño" estaba alarmado con la proclamación de recolonización y con la posibilidad de una explosión revolucionaria. La nueva situación favoreció la polarización: de un lado el "partido portugués" y del otro, el "partido brasileño" con los ideales radicales, que comenzaron a actuar en favor de la independencia.




Consecuencias

El apoyo de Inglaterra en esta independencia fue crucial, usando su diplomacia. El uso de mercenarios ingleses sofocando rebeldes y guerras fue decisivo. Más tarde, la independencia siguió su curso natural. Inicialmente asustados con la idea, los comerciantes y funcionarios portugueses la aceptaron, ya que sus intereses serían mantenidos por el hecho de que el emperador perteneciera a la dinastía Braganza y ser heredero a la Corona Portuguesa.

Los conflictos bélicos no fueron de gran magnitud y normalmente se limitaron a pequeñas provincias. En 1823, todas las rebeliones habían sido sofocadas.

Coherentemente con las ideas de la época, al contrario de lo que deseaba José Bonifácio, por ejemplo, se mantuvo la esclavitud.

Para ser reconocido oficialmente, Brasil negoció con Inglaterra y aceptó pagar indemnizaciones a Portugal, comenzando de esta forma su endeudamiento. Cuando el rey Juan VI regresó a Lisboa, por orden de las Cortes, llevó consigo todo el dinero que podía, a pesar de haber dejado en Brasil su platería y una enorme librería, con obras raras que componen hoy el acervo básico de la Biblioteca.

Consideraciones historiográficas

La fecha conmemorada oficialmente es el 7 de septiembre de 1822, cuando en los márgenes del río Ipiranga, en São Paulo, Don Pedro proclama el "grito de Independencia". 

Otras fechas consideradas historiográficamente para la Independencia, aunque menos populares son las fechas de coronación del Emperador (diciembre de 1822) o incluso la del reconocimiento de Independencia por parte de Portugal y Gran Bretaña en (1825).
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